La ecología y la responsabilidad social en nuestra realidad

ecología y responsabilidad social

La gran mayoría de los peruanos han sido espectadores de los conflictos sociales surgidos a partir del establecimiento de nuevas empresas o proyectos relacionados al impacto medioambiental que podrían ocasionar.

Un caso reciente es el del proyecto minero de Tía María. Más allá de opiniones a favor y en contra del proyecto, lo que es evidente es una pérdida de confianza de la gente en el gobierno y, sobre todo, en la empresa extractora respecto a sus prácticas operativas, su posición ante la sociedad y su respeto al medio ambiente.

Este tema de la confianza es un asunto que precisamente nos lleva a hacer un breve análisis de si realmente las empresas, cualquiera fuere su dimensión, están conscientes realmente del impacto que pueden tener sus acciones en el medio ambiente y si están tomando las medidas adecuadas incluso, sin mediar una normativa legal que las obligue.

Lamentablemente, y no lo decimos por casos específicos, algunas empresas peruanas y extranjeras que trabajan en nuestro país, con grandes y ambiciosos proyectos, están por debajo de las expectativas sobre responsabilidad social y conocimiento de la realidad ambiental mundial y lo serio del cambio climático.

Algunas proyecciones recientes, resultado de un informe realizado por encargo del Banco Central de Reserva, muestran que el costo del cambio climático para el Perú le resultaría alrededor de 800 mil millones de dólares, lo que generaría pérdidas enormes de hasta siete veces el PBI desde el 2009 hasta 2050.

Los escenarios descritos como resultado del impacto del cambio climático no son mínimos. Por las sequías más prolongadas en algunas regiones, el agua se volverá un insumo más costoso. Por otro lado, agua desmedida en forma de lluvias torrenciales, ocasionará destrozos de pérdidas cuantiosas. Los glaciares se derretirán más y la fuerza de “El Niño” será mayor.

Debido a todo esto, las empresas deberían obligarse a hacerse responsables de las consecuencias negativas que puede generar el desarrollo de sus actividades sobre el medio ambiente, formando así una postura de mejora de sus procesos así como la elaboración y puesta en marcha de buenas prácticas.

Ya quedó atrás considerar a la responsabilidad social empresarial (también llamada responsabilidad social corporativa) una actividad netamente filantrópica, sino que ahora es un elemento esencial que debe integrarse a la estrategia de toda empresa.

La responsabilidad social empresarial,

en el aspecto ambiental, se refiere a todos aquellos elementos externos como resultado de la actividad productiva de una empresa, lo que abarca la administración de recursos naturales, control de la contaminación, manejo de desechos y el ciclo del producto.

La responsabilidad social empresarial además implica ampliar el concepto que va más allá de la gestión de los impactos ambientales, estimulándose jugar un papel más activo en problemas ambientales globales (como el cambio climático y el deterioro de la biodiversidad) y ser proactivo en ofrecer soluciones que eviten o reduzcan un efecto dañino.

Lamentablemente, varias investigaciones, acerca de las actividades de desarrollo medioambiental del sector empresarial en países de América Latina, muestran que las empresas, en el mejor de los casos, sólo están cumpliendo con la normativa, estándares ambientales y ciertas presiones sociales, para mejorar su imagen frente a la comunidad y así seguir incursionando en otros mercados.

El programa “Caring for Climate”, como la iniciativa de las Naciones Unidas “Business Leadership on Climate Change”, recomienda que las empresas tomen una postura más comprometida en reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, sin que medien cuestiones legales y de forma voluntaria, anticipándose a nuevas y más rígidas normativas ambientales que los presionarán.

Las pequeñas empresas, no son ajenas a la contaminación, ya que generan 1,000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, Sin embargo, son las que menos comprometidas están y las que cambian de mentalidad más difícilmente. Quizá por el errado pensamiento de que el resultado de sus acciones, provenientes de un “pequeño”, será también pequeño en el medio ambiente.

Podrían obtener un beneficio mayor si adoptan políticas de eficiencia energética y buenas prácticas ambientales que las harían más rentables (usando productos ecológicos de menor costo pero aún eficientes), más aptos para afrontar las crisis y evitar los altos costos futuros resultado de los cambios legislativos ambientales.

Por todo lo anterior, es necesario para las empresas invertir en acciones que reduzcan el daño al medio ambiente y que adapten su economía a las nuevas condiciones climáticas, y así, acompasar el objetivo del Perú de disminuir en un 50% las emisiones de gases de invernadero en la próxima década reduciendo la deforestación de bosques vírgenes en aproximadamente 140 mil hectáreas y definiendo zonas de exclusión minera para proteger el medio ambiente.

¿Crees que puedes tomar acciones desde tu situación empresarial actual? Compártenos tu opinión.

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