7 Malos hábitos que un peruano puede cambiar para ayudar al medio ambiente

malos hábitos del peruano

Si hay algo de lo que no podemos sentirnos orgullosos es de nuestra aún poca conciencia de los efectos que pueden tener nuestras acciones individuales sobre el medio ambiente, esto quizás sustentado en una formación deficiente sobre el impacto de un individuo, tanto aisladamente, como del impacto de varios individuos con un mismo comportamiento.

Algunas teorías como la del “efecto mariposa” (el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo) deberían difundirse en forma masiva y no quedarse como leyendas, mitos o alguna idea de un guionista de películas de un tema que llama la atención, pero que al final, no se le da importancia debida.

Nuestros malos hábitos, sean inculcados voluntaria o involuntariamente por nuestro medio familiar, educacional o social, sumados a aquellos “creados”  por nosotros mismos, hacen difícil que se puedan dar resultados efectivos de cambio en la mentalidad a una mayor escala y, por lo tanto, limitan el efecto positivo y más palpable de las acciones pro ecológicas.

Sin embargo, apelando a nuestra propia naturaleza humana, aquella misma que nos puede llevar hacia el desastre puede reencauzarnos y, bajo el poder de uno de sus rasgos más importantes, la voluntad, hacernos capaces de doblegar comportamientos dañinos para el planeta.

Veamos algunos de los malos hábitos que, si dejamos de lado la hipocresía, los tenemos formando parte de nuestras actividades cotidianas, ya sean en la casa, en la calle, en el trabajo, en el estudio o en un lugar de entretenimiento.

1. Comprar agua embotella

Tan sólo para producir un envase de plástico de 1 litro de agua que compras, consumes 26 litros de agua, es decir, como 26 de esas mismas botellas de agua que compras.

Procura organizarte para preparar agua la noche anterior o temprano en la mañana y utilizar un envase de vidrio o aluminio. Recuerda, todo es cuestión de voluntad.

Si puedes adquirir un filtro de agua de prestigio (su costo puede ser cubierto por todas esas botellas que dejarás de comprar, y no sólo para ti) puedes no sólo ayudar al medio ambiente, sino a tus dientes debido al flúor aún presente en el agua de grifo y no en el agua embotellada.

2. Dejar el caño abierto cuando nos cepillamos los dientes o nos lavamos las manos

Quizá por ponernos a pensar en otras cosas mientras nos cepillamos los dientes o al lavarnos las manos, o talvez la simple flojera de abrir y cerrar el caño, es que desperdiciamos alrededor de 4 litros de agua, agua que le hace falta al planeta y agua que es dinero derrochado para ti.

3.  Consumir mucho tiempo en la ducha

Si tan sólo disminuyéramos un minuto menos al ducharnos, podríamos evitar derrochar 20 litros de agua. Hay gente que pasa “cocinándose” en la ducha, minutos y minutos. Procura cerrar la ducha cuando te enjabones y no simplemente apartarte del chorro para hacerlo. Usa tu criterio para modificar gradualmente este hábito sin que, por supuesto, dañe tu salud.

4. Dejar encendidas las luces de ambientes o aparatos sin usar

Nos quejamos de los pagos por los recibos de energía eléctrica, pero no caemos en cuenta que buena parte de las veces que abandonamos un ambiente o el uso de un aparato eléctrico, no lo apagamos. Procuremos formar el hábito de, apenas salgamos de un ambiente, estirar la mano hacia el interruptor o presionar el botón de apagado del aparato.

5. Usar bolsas plásticas para todo

Se usan cerca de 12 millones de barriles de petróleo para producir 88 500 millones de bolsas plásticas, sólo en los Estados Unidos. Procura conseguir bolsas que resistan durante más tiempo y llevarlas al mercado para traer los productos que compres. Los materiales más sustentables para esto pueden ser el algodón, el nylon, o al menos bolsas con compuestos plásticos pero que sean más duraderas.

6. Arrojar basura al exterior

Uno de las malos hábitos más notorios de nuestra sociedad, ya sea por parte de los hogares, los negocios y por las personas en general que transitan por las calles. Procura ponerte al bolsillo, o cartera, esas bolsas adicionales de plástico, pequeñas y medianas, que te dan en los mercados, de esta forma, tienes a mano un depósito y reutilizas las bolsas de plástico.

Guarda la basura hasta que el recogedor de basura pase por tu zona, pues al arrojar las bolsas a la calle, es posible que perros callejeros, ratas u otros animales destrocen las bolsas creando focos de infección y malestar por el hedor.

7. Meter cualquier cosa a un recipiente de basura

Nuestra dejadez hace que nuestra basura sea colocada en un solo contenedor, mezclando residuos orgánicos con aquellos que nos son biodegradables o cuya composición química es tan especial que podrían contaminar desechos que sería factible reciclarlos o reutilizarlos.

Organízate. Ten recipientes o bolsas separadas para los diversos desechos. Puedes empezar implementando contenedores para los desechos de alimentos, para el resto de biodegradables y otro para los no biodegradables. Recuerda juntar el aceite usado en un recipiente aparte.

Luego puedes averiguar más preguntando a tus autoridades locales, encargadas del recojo de desechos, o averiguar en Internet sobre separaciones más específicas de la basura. Puedes hacer labor social de paso, al contactar a personas de bajos recursos económicos para entregarles los desechos para que se apoyen al venderlos a los centros de reciclaje.

¿Hay otro mal hábito que quieras agregar a esta lista? Aporta tus ideas.

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